No aguanto que las cosas no salgan todo lo bien que tengo planeado, me explico, el otro día quise cocer una patata aprovechando uno de esos electrodomésticos que todos tenemos en casa y que podíamos analizar para qué lo tenemos, ya que de una forma poca ortodoxa intenté dejar de lado la principal tarea que le tenemos asignada en nuestros hogares como es la de calentar leche por otra función más innovadora, como la de cocer una patata. Grosso y CRASO error el mío, ya que por un lado, el mal-llamado microondas, mejor es llamarlo calienta-leches, no te avisa cuando tu propósito ha llegado a su fin con un simple TING advirtiéndote de que la patata ya está cocida, eso y que si giras el temporizador a tope lo que consigues es percutir sobre el tubérculo una serie de radiaciones continuas durante 60 minutos que hacen que la apariencia física buscada se aleje mucho de la pretendida. De la masa, color y valor nutricional ni hablamos, el carbono 14 pasó a ser el carbono 28 fusionado con benceno y la patata aspirante a ser cocida para compartir plato con unas judías verdes, un poco de tomate y una pizca de atún consiguió un peso específico de aproximadamente una cuarta parte de lo basculado justo antes de cerrar la puerta del electrodoméstico en cuestión, que a partir de ahora solo usaré para calentar leche, la pena es lo que ocupa. Todo esto, el humo repartido por toda mi casa que me hizo pensar en que algún estúpido vecino estaba dejando arder su moqueta, y los recuerdos de la época colegial en que el Quimicefa causaba furor me hizo retrotransportarme a esos días en que los viajes en esos coches con tapicerías de “escai” sin reposacabezas ni cinturones de seguridad ibámos 8 en un coche, el canario y mobiliario variado. Eso si, mis padres siempre iban con muebles de viaje. Una nota importante antes de seguir, antes no hacia falta cinturón de seguridad ya que en caso de accidente el sudor de tus piernas hacían de pegamento con el “escai” de los asientos impidiendo así que salieras despedido del vehículo, hoy en día el cinturón es obligatorio precisamente porque los coches llevan otro tipo de tapizado y aire acondicionado.
TING! ¿Por qué PARCHIS eran 5? En el tablero había 4 equipos, uno correspondiente a cada de unos colores definidos. Este tipo de preguntas son las que se hace uno de mayor y de peque nunca te preguntas porque estabas de sobra entretenido cantando “Entra en acción” o en el cumple de algún amigo con su “Cumpleaños Féliz” hartándote de sándwiches de Nocilla, gusanitos naranjas, Casera Cola sin Cafeína, medias noches de salami con Tulipán, y patatas fritas. Jugando al fútbol por el pasillo mientras sudabas como un pollo y tu madre insistía en ponerte un jersey heredado de tu primo para que no te resfriaras.
TING! Ahora de mayor consigo que el fútbol me guste jugando al PRO EVOLUTION con mis amigos, y parece que entiendo, pero antes para que te gustase el fútbol y a falta de una cerveza y la consola tenías que saber que los “amos del balón” eran Oliver y Benji y sus su…per…re…lan…ti…za…das jugadas, nunca vi un fuera de juego, pero eso sí, un contraataque podía durar tres episodios y medio delante del televisor.
TING! Aunque para “duración” la de Marco y la búsqueda incansable de su mamá, con los años pensé que si prohíben la bollería en los colegios, y que salgan un par de tetas en horario infantil, porque no lograron abortar ese drama que supuso el que miles de niños sollozantes con los ojos rojos sufrieran con ese crío cabezón que no podía encontrar a su mamá, que todo hay que decirlo, madre no habrá más que una, pero esta era poco responsable dejándole solito en Italia. Yo era oír “En un puerto italiano al pie de las montañas…” y me echaba a llorar. De mayor también me pasa, pero soy más analítico y pienso que el Defensor del Menor jamás hubiera permitido esto tomando las medidas oportunas.
TING! MARCO, HEIDI, BAMBI, Y EL extraterrestre cabezón de E.T., (…) deberían ser juzgados por el Tribunal de la Haya por impartir entre la población infantil tanto sufrimiento gratuito, ya que emitían en abierto. Bueno, después de estar en Toledo lo de Bambi puede tener un poco de perdón y comprensión por mi parte.
TING! Un potencial era apostar por valores seguros, a ver, los niños y niñas (miembros y miembras de la comunidad infantil) tenemos cierta tendencia a jugar con muñequitos de pequeño tamaño como los CLICKS de FAMOBIL (más tarde PLAYMOBIL) AIRGAMBOYS y productos similares, pues bien, es cuestión de escalas y las productoras hicieron de esto una mina de éxitos. Antes los niños a pesar de verlo todo desde abajo sabíamos que éramos “siete veces más fuerte que tú (y veloz)” ya que DAVID EL GNOMO nos lo dejó bien claro, bailábamos el Rock con los Fraggel y si nos pintábamos de azul nos encantaban que nos llamasen Pitufos, los DIMINUTOS conseguían que estuviéramos callados un buen rato.
TING! Antes no había Disney Channel, ni canales infantiles en la TDT, había que esperar una semana entera para ver a DARTACAN luchar contra las injusticias junto a sus inseparables MOSQUEPERROS, el perrito en cuestión estaba enamorado de JULIETA, al igual que WILLY FOG de Romy. Eso si, la semana se hacía más llevadera porque éramos capaces de jugar en la calle sin pensar en el peligro, no teníamos PSP ni DS, pero bailábamos con la MOMÍA y Espinete.
TING! En clase aprendíamos, pero más lo hicimos con ERASE UNA VEZ EL HOMBRE, (EL ESPACIO, EL CUERPO HUMANO…) Pero quien nos dejo claro los adverbios de lugar cerca y lejos, allí y aquí, no fue nuestro profesor de lengua, sino COCO en Barrio Sésamo.
TING! Reclamo un espacio en el olimpo de los dibujos para FLASH GORDON, BELFY Y LILLIBIT, DRAGONES Y MAZMORRAS, ULISES 21, …
TING! ENRIQUE Y ANA y su “AMIGO FELIX”, consiguieron el más sentido homenaje conjunto a nuestro naturista y naturalista Felix Rodríguez de la Fuente, al que todos los niños quisimos, tributo insuperable fue el que mientras el radiocassette del coche de papá (del que presumías en el cole que corría 220 km/h) reproducía esa cinta, a la vez cantásemos esa canción en los viajes a la playa o al pueblo mientras, nuestro culo pegado al “escai” en el asiento de atrás y la cara al cristal de la puerta del coche mirabas un águila real, un aguilucho, un halcón… Ya lo decía Bob Dylan, los tiempos están cambiando, los chiquillos de hoy en día cantan “Japiverdey tuyito” y aprenden a diferenciar el plato hondo del llano con los “Cantajuegos”, creo que estamos creciendo, por eso ya creo que va siendo hora de los peques nos vayamos a la cama, pero los de mi generación lo haremos con CASIMIRO.
17 de septiembre: Día Internacional de la Canción Infatil



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