El Eastwood más duro aparece como réquiem a sus personajes del pasado, aquellos que tan famoso le hicieron y respaldaron económicamente a su productora Malpaso, para después, como director famoso por rodar pocas tomas con las que realizar historias como “Mistyc River”, “Million Dollar Baby”, “Banderas de Nuestros Padres”, “Cartas desde Iwojima” o “The Changeling”. Aquellos que no sabían distinguir el personaje del actor se dieron un canto en los dientes cuando Clint Eastwood empezó a tocar temas como la venganza desde el lado del débil como en “Sin perdón”, las distintas formas de enfrentarse a un hecho doloroso en “Mistyc River”, la relación entre maestro y aprendiz, la eutanasia, un conflicto bélico desde los dos puntos de vista enfrentados, una mujer sola enfrentándose a todo por lo que cree y por último, en "Gran Torino" nos encontramos con un guión montado sobre la violencia, el racismo y la convivencia en un barrio de EE.UU., viejos y nuevos tiempos encontrados. Unos temas bastante espinosos y complicados para la mente de un hombretón de derechas, si Eastwood fuera solamente un republicano armado hasta los dientes sería Charlton Heston, y no tendría Oscars recientes en su vitrina.
Hacía tiempo que quería hacer mi pequeña apología hacia esta figura mítica del cine, pues mis primeros recuerdos televisivos se recrean en esas eternas tardes de domingo viendo a un jinete solitario ataviado con un poncho verde, con polvo hasta las cejas, dos ojos como “punzás” en un cartón, parco en palabras y de gatillo relampagueante, acompañado de la música del que más tarde sabría que era el Sr. Morricone, otro grande. Almería y su figura hacia el horizonte pululan desde entonces en mi filmografía, revisitados hasta la saciedad. Tan setentero como Harry Callahan es el coche Gran Torino que sirve de excusa para que un veterano de la guerra de Corea, huraño y nuevo viudo se de cuenta de que sus vecinos orientales no son una plaga sino que le son más afines que su propia familia a la que no soporta. La relación con sus vecinos hace que los recuerdos de la guerra y de acciones que pesan en su pasado, revivan en un presente tan solitario como los personajes a los que nos tiene acostumbrados. Y por supuesto, están las armas, eterna discusión americana de doble filo, desde la protección de un hogar a la amenaza de los pandilleros y el papel de éstas en el desenlace.
En definitiva, un guión en apariencia simple en ejecución y desarrollo con la intención de hacer pensar respecto al sentido de la justicia, la compasión, ni los malos son tan malos ni los viejos son inamovibles, detrás de un emigrante hay una historia desconocida y los lazos de sangre de una familia tienen relativa importancia, a fin de cuentas.













