Por Dr. Barmacéutiko
¿Lucía, qué me debías?
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Ya no se cómo arrancar este artículo, son las 10.06 am del 6 de abril de 2011 y tengo que mandarlo en cuestión de minutos, debo hablar de música (por lo visto es mi cometido) pero voy a charlotear para variar de lo que se me pase por la quijotera. Empecemos. Lo que puede cambiar el sentido de una frase el no entender bien la locución fonética de todas las palabras pudiendo llevar en la mayoría de los casos a desfigurar el sentido de lo que se quiere expresar o dar a entender, o comunicar, o… (ganando palabras al mar del vacío intelectual momentáneo). Un ejemplo de lo que digo puede ser el que se me viene a la cabeza, un amigo mío de la adolescencia se crío en el seno de una familia en la que el pastor, cabeza o patriarca decía velar en plan Gran Hermano por la integridad en todos los aspectos del núcleo del linaje. En plena democracia allí se vivía un constante estado de sitio hogareño que hizo que este amigo se buscara un sistema educativo paralelo (que no para lelos) esquivo con el impuesto Walden Dos-méstico escuchando a escondidas los primeros discos grabados en cintas de cassette de Siniestro Total, Kortatu y La Polla Records. Ni que decir tiene que la influencia paterna fue decisiva inclinando la balanza hacia lo políticamente correcto, o no, hoy es Guardia Civil y tiene un cd de Alejandro Sanz en el coche. Quizás la música fue lo que le marcó el resto de su vida.

Siguiendo con el tema que nos ocupa, no solo el de rellenar espacios vacíos con mi retórica, sino también el de frases no bien entendidas relacionándolo con el caso tan especial de mi viejo amigo, al que un día le oímos cantar en una fiesta campestre al son y compás de un radiocassette un “Lucía que me debíaaaaaa” “Lucía que me debíaaaaaa” los que estábamos a su alrededor no le dimos la importancia ya que tras horas de sol e ingesta exagerada de cerveza, calimotxo y panceta los desvaríos estaban asegurados, hasta que uno de nosotros le preguntó que qué narices estaba cantando. El, muy convencido y con voz de sentar cátedra, de esa que se escuchan en las tertulias a cualquier experto radiofónico o televisivo del tres al cuarto que te hace –o pretende- hacerte quedar como tonto le contestó: “pues un tema del primer disco de Siniestro Total ¿Cuándo se come aquí?, en el que fue el único en el que Germán Coppini…” Bien, esta cinta se la grabé yo y se me olvidó ponerle los títulos de las canciones a bolígrafo, por lo que el en sus escuchas privadas y a hurtadillas con auriculares de Auto-Res para que el Pater Familia siguiera pensando que estaba estudiando la/s asignatura/s que tenía colgadas para septiembre. Mi amigo, entendía en la pista 14 del lp grabado “Lucía que me debía” en lugar de lo que realmente dice, “Nocilla qué merendilla”. Hoy mi amigo lleva pistola y por eso los grupos indies cantan en inglés.

Antes de proseguir quiero pedir perdón primero a las sociedades gestoras de derechos intelectuales por haber registrado el contenido de ese vinilo en una cinta Sony de 90 minutos, sin desvelar el contenido de la cara B por las posibles repercusiones dinerarias que pudieran derivarse de tal afirmación me reservo el derecho de salvaguardar dicha información, que bonitos esos días de campo, ese sol, esa cerveza caliente y esos kilos de panceta.

Por un momento imaginemos lo que hubiera sido si en sus manos hubiera caído una cinta de Antonio Vega, y en lugar de “Lucha de Gigantes” hubiera entendido “Ducha de Gigantes” o “Hucha de Guisantes”, así que, aunque sea por un momento, alegrémonos de que ahora escuche a Alejandro Sanz, y tendremos por seguro que desfigurará sus cancioncillas… me lo imagino patrullando nuestras carreteras con su tricornio y cantando por las largas rectas de la carretera que nos acerca a Almendralejo “Corazón de mi tío”  en vez de “Corazón Partío”.

Son las 10.44 y llevo un rato con esto, creo que va siendo hora de finiquitar y cortar por lo sano. En el próximo prometo que no se me echará el tiempo encima y charlar con mis amigos esos que hacen música por estas lindes… Dedicar estas líneas a mi compañera de viajes, a las meriendas con Nocilla de María, y las ollas de Almendralejo.

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