"I want loads of clothes and fuckloads of diamonds, I heard people die while they are trying to find them", frases como ésta nos regala la controvertida Lily en su nuevo trabajo, esperado regreso desde que triunfara con su debut Allright, still (2006) a través de MySpace, ratificando la oportunidad que persiguen todas las bandas que suben sus creaciones a esta red social. Su single "Smile" fue el favorito en los charts de todas las radios y hasta cinco singles más le siguieron para estirar el gancho de su combinación de pop cantando sus aventuras con acento cockney del East End de Londres. A partir de entonces, como hija de actor conocido patrio, famosa por sí misma y metiéndose en líos por su afición al alcohol, hablar sin tapujos de su pasado rebelde, sexo, drogas, abortos...todas esas pequeñas cosas que hacen las delicias de la prensa sensacionalista. Se encontró en el mismo status que Kate Moss, Amy Winehouse, Linsay Lohan, Pete Doherty entre otros y ella al contrario de los demás, parecía que disfrutaba, es más, echaba leña al fuego cada vez que podía en su blog personal.
El caso, más allá de una explosión de fama hay vida, por lo menos para Allen (no sabemos si Amy regresará algún día de sus vacaciones), se ha puesto las pilas sabiendo que su discográfica le había buscado versión americana con Katy Perry. La diferencia entre ambas es clara, Lily tiene una vocecilla sin estridencias, es más cáustica, auténtica y no deja títere con cabeza en sus canciones, aunque parezca que ambas buscan poner a tono al personal con el rol de lolitas. Perry es enérgica y divertida cuando no se pone romántica y pesada con "esto es gay, esto no". Allen es inglesa, una hooligan fan de Ibiza y del copeteo gratis en las fiestas.
Si su primer disco mezclaba el ska, pop y el reagge, en este damos una vuelta de hoja, mezcla pop con un sonido más cuidado y electrónico: "Everyone's At It", "The Fear", "Back To The Start", atreviéndose a añadir un toque de country: "Not Fair", tema que tiene todas las papeletas para ser el próximo single. Con el asesoramiento del productor Greg Kurstin, encontramos arreglos de cuerda en "22" y ecos europeos en "Never Gonna Happen". Al expresidente de EEUU le dedica un pianístico y cándido "Fuck You".
Por otro lado, hay que destacar de la inglesa sus versiones de Keane, "Everybody's changing" y la última, "Womanizer" de Britney Spears (otra que tal baila) que es mucho mejor que la original de lejos. Y poco más, como el anterior, es un disco para estar de juerga, concepto que Allen y contemporáneos tienen tan perfeccionado.













