Nunca pensé que un oxigenado luchador de wrestling, hinchado a botox, esteroides y fan de Guns’n’Roses fuese a suscitar tanta compasión. Es la esencia del personaje de Mickey Rourke: patetismo y ternura a partes iguales. A Hollywood le encanta las resurrecciones, el papel de Randy "The Ram" está escrito a medida como un traje en que las arrugas, las manchas, cada desgarro y descosido guardan armonía.
Siguiendo con la racha de directores en cambio de estilo tenemos a Aronofsky, sin efectos especiales de por medio, sin montajes excesivos, sin artificios, nos muestra de la manera más cruda y realista la narración, todo un acierto, pues el infierno personal o la realidad de cada día no necesita accesorios para hacernos reaccionar. Robert D. Siegel ha escrito un guión que refleja la America mundana, esa con suburbios de casas prefabricadas, caravanas, hogares rotos, tugurios, strippers, aquí aparece Marisa Tomei enseñando chicha al máximo, recubierta de unos tattoos horribles y dando tumbos, poco más que decir de su actuación, hubiera estado genial que la stripper hubiese sido una Ginger Lynn a lo Turn The Page de Metallica, y no una chica con un cuerpo más o menos escultural, si hay que deprimir al personal…pues hasta el final.
Sin embargo, Aronofsky desde que Rachel Weisz entró en su vida no es tan desgarrador, ni alternativo y es mucho más comprensiblemente romántico de ahí su anterior film, The Fountain: bellísima, estética película vapuleada por la crítica y con una banda sonora extraordinaria. De algún modo, hizo replantearse sus proyectos, coqueteó con Batman antes de que Christopher Nolan hiciera su magnífico trabajo, también pasó lo mismo con The Watchmen (a ver si la estrenan de una vez) y como no ha cuajado en ninguno, pretende resurgir al “superhéroe” con menos movilidad de la historia: Robocop. Por si fuera poco, al ver lo bien que le ha ido la lucha libre, ahora está planeando hacer The Fighter sobre la vida de un boxeador. A tiro hecho como dicen en mi tierra.
¿Cuál será el próximo director de cine en sorprendernos? Bryan Singer ha dejado los comics por Tom Cruise y los Nazis, David Fincher aparca los thrillers, Baz Luhrman abandona la psicodélica y pretende hacer películas clásicas, pero llenas de chromas y quién abandona estos ha sido Aronofsky. Menos mal, siempre quedará Woody Allen para hacer películas para turistas.
Enviado por Alice Keenan













