Una historia de amor que sólo Brian Singer se atreve a contar
X Men: First Class
Escrito por Alice Keenan
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Reconozco que no daba un duro por esta película, nada más ver las imágenes promocionales pensaba que harían un pastiche a lo X Men: The Last Stand y sobre todo, estaba bastante mosca después de la barbaridad con la que despacharon X-Men Origins: Wolverine, lamentable. Sin embargo, hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien viendo una película basada en un comic desde El Caballero Oscuro, ya lo comenté en esta página, se echaba de menos una adaptación un poco más seria de un comic de Marvel, aunque nunca llegarán al nivel de DC, al menos con X Men: First Class se ha intentado. Sus puntos fuertes radican en que Brian Singer ha regresado a la franquicia mutante, no como director, pero sí en los papeles de productor y guionista, por lo que vuelve a ser fundamental la solidez en los personajes y sus aflicciones, las actuaciones de los actores son esenciales y el hilo conductor de la trama tiene peso. El casting es exquisito, sin Michael Fassbender (Centurion) y James McAvoy (Atonement) no se concibe la historia de tal manera que enganche y convenza, es más, por encima de los efectos especiales que dejan bastante que desear, dato importante en un film que viene recubierto de chromas, es increible cómo las escenas más importantes de acción las protagoniza Fassbender de manera efectiva.

La estética del film es impecable porque hemos retrocedido en el tiempo, estamos en plena Guerra Fría entre occidente y los comunistas, esos malvados ya olvidados, no sólo se respira un aire retro en la fotografía sino que la estética sesentera inunda todos los decorados y el vestuario, exceptuando el inicio que recupera el principio de la primera película de la saga X Men, un campo de concentración nazi donde por primera vez Erik Lehnsherr proyecta sus poderes cuando es separado de sus padres, ya sabéis, los mutantes muestran sus poderes en la adolescencia cual metáfora de los cambios hormonales por los que todos pasamos, pero de manera brutal.

Y hablando de metáfora, esta película “palomitera” al uso, deja de serlo un poquito cuando se empiezan a descifrar los detalles, más allá de los guiños del guión a las características de los personajes del comic (Mítico Xavier: “El pelo ni tocarlo”) y de los cameos, uno en particular es grandioso… en fin, seguramente lo que voy a escribir cause resquemor porque el mundo del superhéroe es heterosexual hasta que Batman y Robin destaparon la caja de los truenos, pero no hace falta ser un lumbrera para darse cuenta de que hay algo más que compañerismo en la relación entre Xavier y Lehnsherr, aunque aparentemente la historia sólo se debería centrar en el encuentro entre ellos, cómo se conocieron,hasta que llegaron a ser viejos... ¿amigos, enamorados, enemigos antagónicos, todo a la vez?

De todos es sabido que Brian Singer destila clase, logró hacer un gran trabajo en los dos primeras entregas de la saga, destacando X Men 2 y nos regaló a un Ian Mckellen –homosexual reconocido y militante- pletórico como Magneto versión senior, pero bajo la dirección de Matthew Vaughn (Stardust), ha reclamado la lucha de los mutantes en pro de su reconocimiento ante la humanidad del mismo modo que si lo hiciera el movimiento gay, el propio realizador ha reconocido que hay un evidente paralelismo entre los derechos que se reivindica y el rechazo de los mutantes del mismo modo que se hace con los gays, por ejemplo: la escena de la presentación de Hank McCoy hace referencia a la abolida ley "Don't ask don't tell" del ejército de los EE.UU., explicita en versión original. Tenemos dos piezas de distinto color en el tablero: la blanca, Xavier que aboga por la discreción, el anonimato como mejor arma, tender la mano al que te teme, mientras que la negra, Magneto, está orgulloso de ser mutante, no tiene por qué esconderse (Mutant and proud) y si me rechazas, caerás. A partir de aquí, todo se extrapola: complicidad, gestos, recuerdos, lágrimas, palabras, "tú y yo"...juro que al final, se echa de menos un beso entre ambos, me hubiera parecido de lo más natural porque había chispas entre Fassbender y McAvoy como para encender una sede de Iberdrola, también ayuda el vestuario del primero que parece diseñado por el mismísimo Tom Ford. Por otro lado, no convence que se venda in extremis la relación entre Moira MacTaggert, personaje secundario absolutamente, y el profesor X en post de una secuela.

De estos detalles se desprende el por qué aparece Emma Frost en esta generación: necesitaban una rubía medio desnuda todo el rato que compense tanto amor entre chicos, no encontraron mejor opción que January Jones (Mad Men), dando el pego físicamente y sosa a nivel interpretativo, no hacía falta más, para eso aparece Kevin Bacon con su planta de malvado a la vez que se desenvuelve con los idiomas. Respecto a los demás mutantes pasan desarpecibidos ante tal sombra excepto Mística (Jennifer Lawrence), al fin descubrimos cómo empezó siendo compañera de Magneto y Bestia (Nicholas Hoult) cada uno con posturas enfrentadas sobre lo bello y lo feo. Por cierto, Alex González, representación española, se enfunda la piel del mutante Marea (vaya nombrecito) y hasta aquí puedo decir porque no tiene ni una sola línea de diálogo, eso sí...como "toy boy" de Kevin Bacon muy bien.

Y como colofón a tanto “feeling gayer”, los títulos de créditos están acompañados por un tema de Take That cuya letra dice así: “This is a first class journey from the Gods to the son of man/ You’re at the gates of human evolution don’t you understand(…)Why don’t you teach your heart to feel/And give you love love”.


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