Este artículo a veces es criticado porque hablo (escribo) de música muy sectorial, quizás los sectoriales son los que nos imponen la suya y no admiten otras tendencias que no sean las políticamente impuestas por los medios y que nos saturan hasta la saciedad convenciendo a nuestras mentes de que esa es la buena música. Hoy hablo, ejem, escribo, de esas otras músicas de tendencias, tendenciosas, de mentes dementes,.... Este fin de semana he estado en una boda y el resto aunque os lo podéis imaginar os lo voy a relatar novelando un poco los hechos claro está.
Yo tenía cierto pánico a los más radicales de la música como pudieran ser los punks activistas de cualquier cosa, o los seguidores de Rammstein, pero que va, estos son los Dalai Lamas del colectivo fan de cualquier artista. A esta conclusión llegué cuando se abrieron de par en par las puertas del recinto que albergaba la fiesta con barra libre, al que normalmente acceden primero los niños a jugar, tras ellos poco a poco los encorbatados y sudados invitados, después las mujeres gusiluz (vestidos que brillan por si solos no siendo necesarios los focos para crear ambiente), algunas eran mujeres lucierna-gas-butano. Luego, los retrasados (no hacer chistes, no quiero hablar de política), después las personas de avanzada edad y al final los novios a los que todos tenemos que esperar y aplaudir cuando entran por cojones, por más que no nos hayan contado ningún chiste, joder, todo lo contrario, chica broma para el bolsillo. Este concepto celebro-nupcial cambió de repente cuando nada más abrirse las puertas (como mencionaba antes) dos ultras de 72 y 60 y pocos años (sudados, brillantes, de diminuta estatura cuyas iniciales son R.U.G. y G.T.L.) a la carrera y dirigiéndose al que hacía las funciones de discjockey, que apenas le había dado al ON del equipo de música increpándole y con el dedo índice apuntándole sin pestañear, el ojo no, el dedo, los dedos no pestañean, en todo caso catañean (*). Bueno, para describirlo más precisamente, así con un ojo giñao y el otro medio abierto, como apuntando, como despierto y dormido a la vez, como un palomo tuerto que no cojo. Uf, la pinza como se me va, pues eso, mientras amenazaban estos ultras sin temblarle el pulso lo más mínimo apuntándole con su arma (el dedo), le decían con voz serrana, ¡¡¡¡tienes que poner pasodobles y Manolo Escobar!!!!. Esto sucedía frente al pinchadiscos, mientras otros colectivos empezaban a organizarse para diseñar una estrategia de acoso y derribo constante. A las 9 menos cuarto (en el argot militar significa un poco a la izquierda) donde estaba situada la barra, otros ultras, iban a por los camareros, ¡¡¡echa más!!! ¡¡¡quítame un hielo!!!
Empezó a sonar el primero de esos pasodobles (Suspiros de España) y con los primeros y taurinos acordes, el protagonista de esta historia, tenía ya frente a sí, a varios y diversas faunas urbanas y rurales pidiendo a gritos, !!TÍO PON RUMBAS!!. El pobre sufridor pensaría, o pongo rumbas o cae mi cabeza, así que tras el segundo pasodoble, empezó el nuevo periodo rumboso (**). Sonó Peret y Estopa… Arriquitaum.
El ponedor de canciones se vio atacado por ambos flancos por los siguientes refractarios hostiles: por la siniestra, un grupo de jovenzuelos pidiendo con cara de enfado música para bailar, como la que ponen en las discotecas. Estos hombrecillos con camisas de colores rosados llevaban los pelos como Cristiano Ronaldo y seguramente el asiento de su tuneado coche está hundido (son fácilmente reconocibles). Por el otro extremo, lo más temido, las más ultras de las ultras, el momento que todos nos podíamos temer. las Bin Laden de las bodas, las profesionales de las bodas (***) ACHO TÍO PON PAQUITO CHOCALETERO, FOLLOW THE LEADER Y BOMBA. A tomar viento fresco: bailarrrrrrrrrr.
A ver como se cortan esas rumbas para empezar a acumular horrendas peticiones (la lista crecía). El papel de un discjockey de bodas debe ser algo arecido al de Kofi Anan (como se escriba) hace unos años… debe contentar a todos mientras le paguen.
En la retaguardia quedaban las canciones sixties y yeyes para los bailones carrozas y Boney M y Abba para los modernos de su época. Pero se pedían refuerzos para que se pudiera castigar la pista de baile con bombas de racimo de Carlos Baute (por cierto, que mal me cae), de Bisbal (este me cae mucho mejor), el Fary, Shakira, Chenoa, Chayanne, Paulina Rubio, Ricky Martin…
Los Hombres G tiraron en su tiempo la bomba fétida, en Nagasaki e Hiroshima cayó otra peor, pero nada comparado con le que estaba punto de llegar a la pista. Las Sevillanas.
Cántame me dijiste cántame, cántame por el camino y
agarrado a tu cintura te canté a la sombra de los pinos.
Mirando estabas para el cielo en la mitad de la raya,
Me acariciaste el pelo me besaste en la cara,
Sonroja miré para el cielo para no mediar palabra
Y soltaste un te quiero que se me clavó en el alma.
Nos ha jodido. Hasta el próximo número antes de que los amigos de los novios cojan el micrófono.
(*) Castañear: dícese de tocar las castañuelas al son de la jota aragonesa. También el gesto de acariciar castañas en época otoñal.
(**) Periodo rumboso: también conocido como Rumbazoico, es el único periodo geológico donde el Homo Rumbus Estopus pudo montarse unas casetas de feria con lona de piel de elefantes con pelo, mamuts, para huir de la que estaba cayendo allá por el Pleistoceno.
(***) Las profesionales de las bodas: por su aspecto, no las conocerás, se camuflan tras una apariencia normal y de moda reciente televisiva para abrir su boca despertando su instinto más aniquilador con las críticas feroces a los novios, los suegros, consuegros, primos, cucha esa como va no le da vergüenza, el jamón no es del bueno, en la boda de mi cuñá hubo un servicio mejor, eres tonta si fue la boda de tu hermano. Calla payasa que vas más hortera que la prima tu Jennifer.













