Elisabeth Kostova ha conseguido un best-seller después de nueve años hincando codos en bibliotecas y registros americanos para explorar Europa, sobre todo, la del Este, de donde es oriunda su famillia. Y digo best-seller y no obra, puesto que al leer "La Historiadora" desde su inicio hay un tufillo preparado para convencer al lector de que no está ante la típica novela histórica que tanto éxito aporta a escritores contemporáneos, ya vengan de más allá de nuestras fronteras o sean patrios. La historia como concepto vende, así de claro, y si está distorsionada hasta más no poder, mejor. Sabemos todos que la culpa la tiene Dan Brown y "El código da Vinci". En este caso, no podía ser más candente el tema que sustenta las investigaciones de los historiadores del libro, Vlad Tepes, o su alter-ego Dracula. A través de distintas épocas y países, se narra la búsqueda "no deseada" por parte de eruditos de la verdadera tumba del príncipe de Valaquia.
Es decir, se juntan la historia, la ficción y el áuge del vampirismo en un solo libro. Así no es de extrañar que Kostova ya haya vendido los derechos de autor a SONY para hacer la versión cinematográfica del libro en tiempo record. Aquí huele a negocio. Y es que empezaría hace años a escribir la trama y a documentarse como buena escritora, pero ¿tanta casualidad se puede dar? Lo cierto es que las criaturas de la noche, desde los griegos hasta Bram Stoker, siempre están de moda, Anne Rice, Meyer y sus vampiros de instituto tienen bastante culpa, a esto las series de televisión ya llevababan tiempo dando vueltas al tema con "Buffy", su spin off "Angel","Sobrenatural","Moonlight","Vampire Diaries" bastante insulsas para ser exactos. Desmarcándose de ellas la cachonda "True Blood" basada en "The Southern Vampire Mysteries" de Charlaine Harris, muy recomendable la serie de la HBO si pasas del rollo romanticón de los protagonistas, una Ana Paquin rubia incluida, y te centras en todos los personajes (literalmente lo son) que se drogan, fornican y enloquecen en los pantanos de la América profunda. Hasta la cabecera es destacable, tanto la post producción como el temazo a lo Chris Isaac incluido.
Volviendo a los historiadores perseguidores de mitos, el libro de Kostova entretiene cuando el lector puede comprender más allá de complicadas metáforas y juegos de palabras, que la autora introduce para subir la calidad semántica de una historia que en realidad no los necesita. Al final, tanto rodeo sólo nos muestra a una protagonista bastante pedante a pesar de ser hija de eruditos profesores. El nombre de la protagonista no se conoce nunca, así Kostova pretende que nos adentremos más en la narración y la hagamos nuestra, lo que resulta difícil teniendo en cuenta que las partes del libro que realmente atrapan son las dedicadas a seguir los pasos de su padre Paul y su compañera Helen en busca de la aventura en tierras salvajes del viejo continente. Aquí la escritora hace un guiño a la obra de Stoker pues el libro pasa del presente al pasado a través de diarios y cartas. Otro punto es el lucimiento dando detalles a cerca de Estambul, el recuerdo de Constantinopla, la cultura bizantina, las comunistas Bulgaria, Hungría y Rumanía de principios del s. XX, agradeciéndose tantos detalles sobre la situación política, las costumbres y cultura más tradicionales en torno a las canciones melancólicas y antiguas de lugares aún desconocidos para la mayoría del mundo.













