Esa comedia romántica
Luna Nueva
Escrito por Alice Keenan
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Nunca pensé que llegaría el día en que dijera esto, es la primera vez que veo una película de licántropos y vampiros con presupuesto y me he aburrido. Un viernes por la noche, un estreno reciente y unos amigos que te invitan al Kinepolis, pues negarte no es cuestión. Teniendo en cuenta que la saga de Crepúsculo es un producto cuyo target son adolescentes enamoradas del amigo muerto de Harry Potter, echaba para atrás, aunque nos animamos visto el resultado de la película del primer libro, el trabajo de la directora Catherine Hardwicke fue decente, respetó bastante el texto original y le dio dinamismo. Sin embargo, la segunda parte cinematográfica, cuyo texto, sin duda, el más potable de los cuatro de la saga, es un despropósito noño y romántico pasado por un filtro que elimina cualquier escena que contenga acción y se centra en el trío amoroso protagonista, esto pasa, pero llegados al tercer libro Eclipse, el último que pasó por mis manos y me costó horrores terminar porque mi estómago no dio para más con tanto almibar. De romántica a masoquista hay un trecho.

Le dimos una oportunidad al estreno, pero como dicen por ahí: “quien dormita con infantes, amanece hidrológicamente saturado” y lo supimos cuando nos chirríaban los vampiros pasados de maquillaje y con unas lentillas de gato que hipnotizan, preguntándome si en ese pueblo nadie se da cuenta de lo que son porque están ocupados con la tala de árboles. Nuevo director, un tal Chris Weitz, cuyo mérito ha sido dirigir American Pie, no fueron suficientes para salvar la velada ni la fotografía del español Javier Aguirresarobe ni la banda sonora de Alexandre Desplat. Empezamos mal.

La elección de Taylor Lautner, es más que objetable, no me lo imaginaba tan "Mogli", se ve que al muchacho le dijeron: “o te pones cachas o te cambiamos por otro” y se lo tomó a pecho (nunca mejor dicho), pues ni Kristen Stewart ni las feminas presentes en la sala de cine podíamos apartar los ojos del torso hipermusculado que por “exigencias del guión” aparece sin camiseta en la mayoría de las escenas, lo que dio pie al cachondeo, hasta Lobezno se digna a ponerse una camiseta de tirantes. El climax a tanto alarde muscular fue cuando el licántropo se cuela en la habitación de Bella y ésta parece que de un momento a otro va a sacar el cesto de la ropa sucia, jabón verde y va a usar de panera el vientre del chaval. Menudas risas.

La elipsis temporal en la que ella está con la misma ropa y posición frente a la ventana también se las trae, es absurda, con un simple "dos meses después" hubiese bastado y ¿era necesario recordar cada dos por tres que los vampiros de la Meyer brillan como un gusiluz? En la lectura pase, pero en la práctica queda bastante amanerado. Al menos hay algo que se respeta: los lobos y ¡qué bien hechos están! De los rugidos los altavoces se desempolvaron al fin después de tanto cuarteto de cuerda. Ilusa de mí, si al menos viéramos como destrozan a uno de los vampiros que rondan el bosque…un poco de intensidad, sangre, acción, chicha de algún tipo… nada, un empujón por ahí, un gruñido por allá, ni lucha encarnizada, ni bocados, ni adrenalina y digo yo... ¿para qué metes a vampiros y lobos entonces? Las criaturas peligrosas, monstruos, bicharracos varios se dedican a destrozarse y eso hay que enseñarlo, puestos a escribir una historia de amor imposible que lo hubiese hecho sobre una catadora de salchichas feminista alemana y un integrista talibán.

La parte de Italia y los Vulturis está metida con calzador, dos de los vampiros italianos ni se mueven de su asiento y cuando me doy cuenta de que Aro, el único que tiene líneas de guión es Michael Sheen, el licántropo Lucian en Underworld, me parto. Me imagino que se le va la pinza, se transforma y les arranca la cabeza a todos con la boca. Ojalá, sólo le curten el lomo al amigo muerto de Potter un momentito. El guión está plagado de comentarios obvios y nos enseñan los poderes de los vampiros, hasta la humana tiene, algo es algo porque el personaje de Bella Swan pierde cualquier matiz interesante del libro en el film, se prescinde de las partes que la perfilan como una persona con algún interés: trabajo, estudios, recuperar  vida social, la relación con la tribu de Quileutes, etc...estos pasan sin pena ni gloria cuando en el libro tienen más peso, y en la pantalla, básicamente son unos “descamisaos” comedores de magdalenas del tamaño de un balón de reglamento.

Todo se centra en que a la protagonista la han dejado más caliente que el palo de un churrero un domingo de feria y como estaba a dos velas con el vampiro, pues le paga con la misma moneda al pobre del indio: "crees que soy hermoso" -le espeta en medio de la película, se escucha bufido general en la sala- "No, lo que eres es un pagafantas"-. Guionistas del mundo, los hombres no son hermosos, son atractivos o guapos, habéis conseguido que el chaval parezca un panoli, flaco favor, porque con esos abdominales, está clamando por un poco de fiesta, bah!, de perdidos al río porque la saga está escrita por una mormona de La Iglesia del Cristo de la Chaqueta de Pana de Todos los Santos de los Últimos Días de Rebajas, así que de sexo ni hablemos… hasta el matrimonio y para procrear, eh?. Menos mal que siempre nos quedará True Blood y eso sí que es divertido...

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