Poco sexo, alguna droga y rock'n'roll tocado por féminas
The Runaways
Escrito por Alice Keenan
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            Empecemos por el principio, The Runaways fueron una banda formada por chicas que abrieron brecha en el mundo del rock, a la vera del excéntrico Kim Fowley, conocido por ser manager de este grupo y por haber trabajado con gente tan “glamorosa” como KISS, Alice Cooper, Cat Stevens o  Kris Kristofferson. Retratar a una banda de rock es espinoso, se puede ser indulgente o cebarse en los excesos que comporta el estatus de rock star, esos episodios que dan vidilla, los referentes al tópico de “sexo, drogas y rock’n’roll” que parece patrimonio del mundo del rock, más adorno que otra cosa en una producción americana donde no se suele profundizar. Actualmente, el público está curado de espanto, en el caso de las biografías rockeras, éstas llegaron a su punto más álgido cuando Metallica tuvo la imperiosa necesidad de mostrarle al mundo sus mierdas internas, terapeuta incluido, siendo testigos del lagrimeo lastimero de Lars Ulrich y Dave Mustaine, rival y líder de Megadeth, en Some Kind of Monsters, 2004.  Fans de ambas bandas me entenderán.

Si hablamos de biopics nos viene a la mente BackBeat (1994), Control (2007), Sid & Nancy (1986) y mi favorita, The Doors (1991) basada en el libro “Riders On The Storm” de John Densmore, dirigida por Oliver Stone y la única buena película que ha hecho Val Kilmer en su vida.  Las opciones para profundizar en el lado salvaje del rock deberían ser reflejo personal del director en sintonía con lo que la música de cada banda signifique y no seguir patrones ya diseñados por anteriores films. En esta ocasión, el intento no da el pego desde los primeros planos y empieza a desinflarse con la misma intensidad con la que se deshizo la carrera de la mítica banda femenina, que solamente duró dos años con sus dos LPs: The Runaways y Queens of Noise.

Recurrente casting, echando mano de las Twilights, Kristen Stewart como Joan Jett, una de las componentes más famosas por su   propia banda Joan Jett and The Blackhearts, y Dakota Fanning como Cherie Currie, la cantante que se diluyó en el olvido. Entre las filas de las originales The Runaways, destaca otro nombre, el de la guitarrista Lita Ford, conocidísima en los círculos más heavys, representada por Scout Taylor-Compton. Tanto Stewart como Fanning están más que correctas en sus respectivos roles, una contenida y masculina Stewart es la mejor manera de reivindicar que hay más vida más allá de una saga famosa, y tres cuartos, le ocurre a Dakota Fanning que por momentos nos inquieta con su versión de Cherry Bomb alternando languidez casi etérea con frialdad y sensualidad. Entre ellas se crea una química especial que impide que la cinta sea un descalabre descafeinado de principio a fin dirigido por Floria Sigismondi, directora de viodeclips, que llegó tarde a la cartelera y pasó sin gloria. Será que por la producción ejecutiva de Joan Jett y un guión está basado en una biografía de la banda firmada por Cherrie Currie, estos dos personajes están mejor dibujados que el resto, un baile de marionetas alrededor del dúo principal.

Puede que en nuestro país esta banda no nos sea conocida, pero aparecen cuando se les pregunta a otras artistas por sus influencias, tanto en movimientos punk-rock femeninos que vendrían después como los grupos de la riot grrrl o alternativos como 7 Year Bitch, Babes in Toyland, The Breeders, The Gits, Hole, L7, PJ Harvey, Veruca Salt, etc…un pobre homenaje para un trocito de la historia del rock.

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