"Misery loves company”, mientras la mayoría del mundo se queda sin trabajo siempre hay quien saca partido del mal de muchos. El personaje de George Clooney se dedica a despedir, proporcionando nuevas miras hacia el futuro metidas en una carpeta, algo es algo cuando te dan la patada y aquí no se estila mucho, esto de las buenas intenciones es muy de americanos, nadie en este país utiliza servicios de este calibre, pero con cuatro millones de parados en España, una empresa que proporciona buenos despidos es un filón.
Y hago mención del Sr. Clooney en primer lugar porque alrededor de su personaje se estructura todo, entre idas y venidas, describiendo una existencia medida milimétrica del tercer film de Jason Reitman, que repite las mismas pautas de la exitosa “Juno”, nos vuelve a regalar un buen guión con un protagonista controvertido, rasgo esencial en este director ya que si en “Gracias por fumar” , se adentraba en el punto de vista de un portavoz de las grandes tabacaleras, y después, convirtió en toda una heroína a una mordaz adolescente embarazada, ahora, en plena crisis mundial, no ha podido ser más oportuno exponer que mientras unos caen, otros se alzan con asientos en primera. Sin embargo, a todos nos llega la hora de ponernos al día y al personaje de Ryan Bingham, las mujeres que pululan a su alrededor le recuerdan que no puede estar siempre en su mundo particular formado por aeropuerto – empresa – hotel e irrumpen con fuerza en su monotonía satisfactoriamente aceptada.
Vera Farmiga, da una más que creíble réplica a Bingham, ilusionándolo y rompiendo la coraza adaptándose a su agenda, recordándonos la parte femenina de esa especie de solitarios enchaquetados enganchados a sus blackberries y la joven Anna Kendrick es la aspirante abnegada que quiere entrar en el club, sus armas, las de los jóvenes sin experiencia suficiente, las últimas tecnologías. Sin embargo, algo falla, pues al pasar los minutos, a Clooney sólo le hace falta sacar su Nesspreso, simplemente su carisma se come al personaje, al contrario que pasó en “Juno”, cada frase de la preñada con nombre de diosa olímpica era una sacudida a los que le rodeaban y sobre todo al público, por eso Diablo Cody (bonito mote) ganó un Oscar al mejor guión original en 2007 por el guión.
El final es previsible, no podría ser de otra manera, la vida sigue y seguramente el film de Reitman haga lo mismo, seguir su rumbo acumulando nominaciones de camino a los Oscars, que ya están proóximos. Quién sabe si su padre, el realizador Ivan Reitman le dio un par de consejos sobre donde están las claves del éxito y le enseñó a huir de algunos “fantasmas” de la industria.













